
¿Cuántas veces os lo habré dicho? "No dejéis nunca ningún hueco sin protección en vuestra casa, los gatos son, ante todo y sobre todo, seres curiosos, y el más pequeño descuído de nuestra parte puede ser para ellos una trampa mortal".
Ayer, el día que Gullie cumplía 3 meses y una semana, el día que su nuevos papás, Andreia y Joao, venían a recogerlo nada menos que desde Lisboa, ocurrió lo que nunca tuvo que haber ocurrido: Gullie calló desde una ventana de mi casa al patio de una vecina, con una altura de cuatro pisos. Todas, absolutamente todas las ventanas y terrazas de mi casa a las que los gatos tienen acceso están protegidas con malla metálica, pero esta en concreto tenía un pequeño "hueco" en la parte superior cubierto con alambre por el que jamás imaginamos que pudiera caber un gato... pero cupo. Gullie se encaramó a la reja, quizás detrás de un bichito, quizás simplemente jugando... calló al vacío en mitad de la noche, cuando nadie podía escucharlo, y a la mañana siguiente, cuando el propietario del patio lo encontró, lo metió en una bolsa y lo tiró al contendor de la basura.
Cuando mi vecina me lo dijo, de repente el mundo que me rodeaba se paró. No soy consciente de lo que tardé en coger toallas y bajar, totalmente ciega, al contenedor. Saqué aquella bolsa y la abrí, pidiendo en voz alta que, por favor, el gato que hubiera allí dentro no fuera Gullie.
Cuando lo ví, estallé en llanto y sólo pude envolver en las toallas y apretar contra mi pecho aquel cuerpecito roto e inerte que horas atrás había correteado por casa rebosante de vida. Tampoco sé cuánto tiempo pasó hasta que Andreia y Joao, que venían de camino, llegaron a casa; algunos me han dicho que sólo media hora, pero a mí me pareció la media hora más eterna de mi vida. Gullie estaba muerto, y sus dueños portugueses, que venían con toda la ilusión del mundo a buscar a su bebé, ni siquiera eran conscientes de ello.
Os haréis una idea de cómo fueron los momentos posteriores. Decirle a sus dueños que tenían que volver a Lisboa con ese transportín (que habian preparado con tanto cariño -lleno de mantitas y jueguetes-) vacío fue horrorosamente amargo, horrorosamente...
Esta horrible historia no puede volver a repetirse, ni en mi casa, ni en ninguna otra. POR FAVOR, tened extremo cuidado con el acceso al exterior que pueden tener vuestros gatos, cualquier rendija, cualquier puerta mal cerrada, cualquier persiana a medio bajar, cualquier pequeño agujero en una mosquietar puede ser el camino a la muerte para alguno de nuestros pequeños peludos. Pensad que son animales ágiles, elásticos y flexibles, pensad que por donde quizás no os figuréis que pueden caber... caben. Esto lo he aprendido por experiencia propia, lo único que lamento es que Gullie haya tenido que irse para siempre por culpa de mi ingenuidad.
Este vídeo recoge el álbum de fotos de Gullie, es una recopilación que siempre hago a los nuevos dueños de mis gatitos, y he querido subirlo a Youtube para que podáis ver lo precioso que era. El trozo de vídeo que sale casi al final es de hace tan sólo cuatro días.
Dedicado a Andreia y Joao, con todo mi cariño.